Entrevista a ulloa

De Lair

Cuando pensamos en la edición de un cuaderno de campo dedicado a la práctica del análisis institucional hoy, el primer nombre que nos surgió, en forma inmediata, fue el de Fernando Ulloa. Esto se vincula con que nuestra formación en análisis institucional está estrechamente vinculada con la lectura de sus textos. Sin embargo, hasta el momento, si bien habíamos presenciado algunas de sus conferencias, también alguno de nosotros había participado, como miembro de una institución, en sus trabajos de supervisión, aún no habíamos tenido la oportunidad de conversar en forma personal sobre el devenir de esta práctica en las últimas décadas. Esto motivó el deseo de ponernos en contacto con Fernando Ulloa para proponerle un encuentro a tal fin. A continuación publicamos parte de esa conversación llevada a cabo a finales del mes de septiembre en la ciudad de Rosario mientras compartíamos un almuerzo a la vera del río Paraná.


Laboratorio de Análisis Institucional de Rosario (LAIR): Nosotros teníamos varias preguntas pero que son casi una sola, que tiene que ver con el pasado y con el presente. Nosotros veíamos que cada vez que estudiamos o leemos o pensamos el tema de las instituciones vemos grandes modificaciones en algunas cuestiones de las instituciones en los últimos treinta años. Entonces nuestra pregunta es: ¿Cómo va variando la práctica del análisis institucional a medida que van variando los contextos sociales y las formas que tienen las instituciones?


Fernando Ulloa: Yo en este momento no hablo de instituciones sino de numerosidad social. Numerosidad social al principio era todo el campo social. Después se fue transformando en la medida en que trabajo con grupos acotados. Cuando pude definir la numerosidad social como el campo donde cuentan tantos sujetos de cuerpo presente como sujetos hablantes cuentan. El primer cuentan tiene que ver con la mirada en reciprocidad. Por eso yo siempre trato de trabajar en rueda, porque es lo primero que hace al sujeto social. El segundo cuentan tiene que ver con el sujeto singular, con lo que pude decir a los treinta años de Le Luthier: habíamos conseguido un grupo de solistas muy bien afiatados. En un grupo es importante que cada uno pueda desarrollar su estilo, su personalidad, pero todo es patrimonio del grupo. En el campo de la numerosidad social, dónde la palabra y la mirada son en reciprocidad, y donde hay un sujeto singular que además esta contextuado socialmente, hay algo de puesta en escena teatral. La puesta en escena lo que acrecienta, así como una imagen vale por muchas palabras, una puesta teatral, una dramaturgia, acrecienta el valor de las palabras. No vale por muchas palabras, acrecienta el valor de las palabras. Esa fuerza que adquiere yo le llamo efecto per. “Per” es un prefijo que significa intensidad emotiva, intelectiva, sostenida en el tiempo. Lo atestiguan persistente, permanente, perpetuo, perjudicial. Entonces ese efecto per, que es ese efecto dramatúrgico de la puesta teatral, rompe ese aforismo paradojal con que Freud presentó a la transferencia intertópica, al hacer conciente lo inconsciente. Es repetir para no recordar. Entonces, ¿Cómo aparece en la discusión crítica, en un debate crítico? Un debate crítico en dónde la intimidación ha retrocedido, que generalmente no son los debates políticos en donde hay una hostigación ideológica que de por sí ya sanciona la postura del otro, sino en un grupo creativo. Había una experiencia en el campo, que a mí me divertía mucho de chico. Cuando se está preparando la comida alguien contaba, como no había radio ni diarios ni televisión, un relato. No el más viejo sino aquel que tenía cierta habilidad para contar, entretener. Entonces siempre alguien interrumpía más o menos con estas palabras: “Ahora que dice...”; y tenía una ocurrencia. Y atrás de toda ocurrencia quiere decir que se ha roto ese efecto de repetir para no recordar, esa barrera que es paradojal. Porque Freud presenta la transferencia intertópica y hacer conciente lo inconciente, por el obstáculo, por el repetir para no recordar que tiene una forma aforística. Entonces rompe con eso. No es que rompe la barrera sino que atrás de esa ocurrencia siempre hay una memoria recuperada. Hasta el grado de pensar “cómo no se me ocurrió antes”.


Eso me llevó a que el reclutamiento de personal nuevo para los servicios de psicopatología había una disposición que la persona que es reclutado el primer mes no zozobre, la costumbre de lo que fueras a lo que vieras, sino que simplemente observara lo que estaba pasando ahí, franqueara el campo, y observara con ojos vírgenes lo que estaba pasando ahí. A mí eso me permitía que esa persona entrara con todo su vigor de inventiva.


Todo eso son variaciones que yo he ido incorporando los últimos tiempos. En los primeros tiempos, cuando todavía estaba en la APA, escribí un trabajo que tenía valor porque yo decía que una institución era el resultado de la distribución de tres cosas: el espacio, el tiempo y los roles. Esa distribución implica articulaciones. Esa se llamaba la teoría de las fracturas, porque esas articulaciones, cuando están fracturadas es donde convergen las tensiones del campo. Es en las articulaciones fracturadas donde uno puede inventar una semiótica para leer un campo. Una semiótica adecuada a la clínica pertinente con la que cada uno trabaje. También trabajaba con lo que llamaba las arbitrariedades intrínsecas y las arbitrariedades extrínsecas. Las arbitrariedades intrínsecas de un hospital dependen de los sujetos que dirigen ese hospital o que integran esa planta, las arbitrariedades extrínsecas dependen de estrecheces presupuestarias, del ministerio, etc. Es importante conocerlas para poder peticionar a las autoridades pero no son de resortes de uno, en cambio las arbitrariedades intrínsecas son de resorte de ese grupo.


En cambio hoy trabajo de otra manera por trabajar en condiciones muy adversas. Hay una frase de Freud que dice “los pacientes graves son los que hacen avanzar el psicoanálisis”. Entonces las condiciones adversas graves, meterse en camisa de once varas, te obliga a avanzar. En las ocurrencias hay una memoria recuperada, rompen con el repetir para no recordar. Las cosas que no tienen memoria, cosas de la temprana infancia, tocan el ánimo. En una situación colectiva hay que lograr un debate crítico y no lo que yo llamo fenómeno SIC (saturación, indiferenciación y sed de canibalismo) generado por una mala conducción y no se sabe quién es quién o se habla sobre la palabra del otro.


En un grupo para mí son básicos el registro de las ocurrencias que va disparando, con valor de interpretación, el comentario de un compañero. Con valor de interpretación porque rompe una inhibición, Hay algo a recordar y aparece como una ocurrencia. Pero también es muy importante que en un grupo se tenga suficiente confiabilidad para decir que les pasó anímicamente, cuáles fueron los toques de ánimo. Porque en la atemporalidad del inconsciente tanto las cosas reprimidas por represión secundaria como aquellas de represión primaria que no constituyen memoria sino toques de ánimo, provocan, en tanto son eternas en la atemporalidad del inconsciente, maneras de ser.


LAIR: En el contacto con otros analistas institucionales, ¿has detectado que ha ido variando a lo largo de las décadas las formas de intervención, los problemas mas habituales, el modo de situarse en una intervención?


Fernando Ulloa: En el primer grupo que yo tuve, se llamaba CEPI, Centro de Estudio de Psicología Institucional, los que salieron de él no siguieron trabajando mucho en esto. En cambio, en otro grupo, que se llamaba H8, ya trabajábamos en condiciones muy adversas, y toda esta gente sigue trabajando en esta situación. Tal vez por aquello de que los pacientes graves hacen avanzar al psicoanálisis. Hay un texto que escribí sobre Pichón, que se titulaba “Pichón Riviere ¿Es la propia gravedad la hechura de un psicoanalista?”. Descompongo la palabra “gravedad” en diferentes variaciones etimológicas. Gravedad quiere decir en primer término gravitación, fuerza, presencia, fuerza de gravedad para sostenerse en un rol difícil. Ser convocado por un institución y no ser demandado te coloca en una situación difícil que uno la resuelve cuando asume el rol de un psicoanalista institucional. ¿Cómo se asume un rol teatral? Primero por lo que no hace. Hay cosas que uno no va a hacer, como ser, si pasa un amigo entre el público uno no lo va a saludar, ahí hay una restricción. Además hay otra, porque con un cierto adiestramiento, uno empieza a percibir de entrada las tendencias, las secuencias, pero también empieza a percibir el secreto. No es legítimo, no es pertinente, empezar a denunciar el secreto. Entonces uno se las ingenia, tal vez trabajando con los distinguidos que son aquellos que no fueron escuchados en otro momento y mantienen ante el analista una posición distante, para que alguien denuncie el secreto, que le ponga propias palabras y lo asuma colectivamente.


La segunda cosa es el gravamen, el costo que tiene un oficio asumido éticamente. Uno no puede hacer determinadas cosas, no sería pertinente. La pertinencia es un concepto de Pichón que significa como un analista tiene que ajustarse a las leyes del campo. No es lo mismo analizar a un sujeto que analizar un campo institucional. Uno tiene que tratar de operar de acuerdo a las normas del campo en el que está trabajando. Lo cual no implica que uno tenga que operar haciendo oídos sordos a los síntomas, pero está totalmente vedado el instrumental interpretativo.


En relación a la tercera cosa de la palabra gravedad es la gravidez. Lo señalé cuando dije, los pacientes graves hacen avanzar la teorización. Al principio yo estaba muy desprovisto de herramientas. Trataba de transportar de mi consultorio al dispositivo colectivo. Después me di cuenta con varias personas que trabajaban en los hospitales, cuando todavía desde la APA trabajar en un hospital era una especie de masoquismo, como la práctica colectiva, comunitaria, enriquecía nuestra práctica individual. Nos secaba de ortodoxias impertinentes.


Y la cuarta variación es el agravio. Cuando uno se descubre en una falencia narcisística o se descubre en algo que el paciente hizo y que uno no lo tolera. Ahí es donde no hay que retroceder frente al agravio. Si uno está en formación lo llevará al propio análisis y si uno está cerca del fin de análisis, cuyo indicio es que uno ha adquirido una capacidad de propio análisis, de no retroceder ante los agravios, sino de saber que solamente desde ahí se acrecienta la presencia, se acrecienta el gravamen, y se acrecienta la gravidez, es decir la fecundidad.


Entonces una variable es que uno interpreta teatralmente el rol de analista por lo que no hace. Otra variable es que todo ese sufrimiento, sobre todo cuando uno tiene testigos, cuando uno trabaja con un equipo, de que a veces es muy difícil asumir un papel cuando hay que conducir algo, hay cierto sufrimiento. Todo eso aproxima las palabras para decir de lo que ahí está ocurriendo, para decir pertinentemente de lo que ahí es pertinente decir. Y eso es casi una interpretación psicoanalítica. Decir pertinentemente de la estructura que uno ha advertido es la interpretación que uno se permite. No se permite interpretar la neurosis de transferencia, se permite interpretar lo que es pertinente a ese momento. Lo que uno interpreta en realidad es la transferencia en el sentido primero que lo uso Freud que es transferencia intertópica de la tópica inconciente a la tópica conciente, las ocurrencias: “a propósito de esto”, “me dí cuenta de que siempre supe lo que acabo de decir”. Esa es la estructura hablada de lo percibido, es casi una interpretación, totalmente pertinente que no se mete con la estructura singular de un sujeto, se mete con lo que ahí está pasando.


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